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¿Quién es mi prójimo en tuberculosis?
Análisis y reflexión
Martes, 02 de Abril de 2013 10:53

Compartimos la reflexión teológica que se hizo en la Vigilia Ecuménica por los 32 mil afectados por TB realizado el pasado 15 de marzo. La lectura bíblica trató sobre la parábola del "Buen Samaritano" y el encargado de esta parte fue Victor Mendoza, consultor en Pastoral de la Salud de la Iglesia Anglicana. Víctor hace un interesante análisis de este relato y concluye en un compromiso personal y comunitario que nos hace parte del problema; la sensibilidad y la ternura con el otro que sufre nos involucra con nuestros hermanos que padecen de tuberculosis:

"...la parábola termina con la invitación de Jesús 'vete y haz tú lo mismo'. Pareciera que dijera que cada quien haga lo que puede por sí mismo, pero en realidad esto no es así, puesto que esta invitación se tiene que relacionar con la otra invitación,'entre ustedes no debe ser así'. La dimensión personal y la dimensión comunitaria se entrecruzan y dinamizan mutuamente.  En la realidad compleja de la TB se interrelacionan entonces,  'vete y haz tu lo mismo' y el 'entre ustedes no debe ser así'. Un grande desafío, personal y social, para todas y todos los discípulos, aún entre las hermanas y hermanos con TB."

El texto completo a continuación: 

 

¿Quién es mi prójimo?

La bella parábola del "Buen Samaritano" (14, 6-18) se encuentra al interior de un bloque teológico-literario precedido por el llamado Anuncio Mesiánico (Proclamación Mesiánica) realizado por Jesús en Nazaret (4, 18-19), en el cual se destacan dos elementos: "Llevar la buena noticia a los pobres" y "poner en libertad a los oprimidos" . Si se mira bien, este anuncio liberador a los "pobres" y "oprimidos" (evangelio, buena nueva), vendría a ser el inicio de la narración propiamente dicha, y la que proporcionaría el sentido sobre la misión de Jesús. Curiosamente, casi inmediatamente después de la elección de los llamado "Doce apóstoles" (6, 12-15), aparece una reconvención bastante fuerte: “¿Por qué me llaman ustedes, 'Señor, Señor' , y no hacen lo que les digo?” (6,46), lo que da pie para que unos versículos más adelante se reconfirme el mismo anuncio mesiánico (7, 18-22) y se agregue significativamente la frase, “dichoso aquel que no pierda su fe en mí” (7, 23). El anuncio mesiánico, o también “la buena noticia del reino de Dios” (4,42) no resulta tan sencillo de aceptar aún ante la frescura de los signos que Jesús realiza ante la gente y sus propios discípulos. Por esto, viene en 8, 19-21  el diálogo que aclara sobre quienes conforman la familia en esa nueva realidad que Jesús llama 'Reino de Dios': “Mi madre y mis hermanos son los que escuchan (el anuncio) de Dios y lo ponen en práctica” (v 21). Y, precisamente, tras el  reconocimiento por parte de uno de sus discípulos de Jesús como “El Mesías de Dios” (9, 20) y la reconfirmación por parte del Padre “Eres mi Hijo, mi elegido: escúchenlo” (9, 36), viene la exigencia meridiana sobre el discípulo, “El que pone la mano en el arado y sigue mirando atrás, no sirve para el reino de Dios” (9, 62). ¿Cuál viene a ser entonces, para los discípulos, el fundamento de esa nueva 'práctica'? La respuesta se revela en la parábola que, a su vez, da respuesta a la pregunta “¿Quién es mi prójimo?” (10, 29).

¿Quién es mi prójimo? Es una pregunta que va al corazón de  la gracia. Casi podemos imaginar una pregunta aun más profunda, ¿en qué momento se inicia este anuncio? O ¿Cuál es la experiencia fundante de este anuncio? Veamos una frase que podemos destacar para nuestro propósito:

“Y viéndole sintió compasión”

Dos actos ilustran esta experiencia inicial: ver y sentir compasión, envueltos en un solo encuentro decisivo, mejor expresado en la tríada: ver-sentir compasión-acercarse, que viene a ser la circularidad decisiva. Lo central de esta experiencia totalizadora es dejarse llevar por la capacidad de ternura, interiorizada como “sentir compasión”, que permite quebrar las barreras del estigma y la discriminación en tuberculosis, y condesciende llevar a cabo el encuentro personalizador. Permite pasar de una relación de curación a una relación de sanación. Es la experiencia vertical, profunda, de la gracia de Dios.

Sin embargo, la parábola va más lejos, llevándonos también a una experiencia horizontal, histórica, de esa misma gracia. Enumeramos los actos realizados por el "Buen Samaritano" acuciado por la gracia experimentada: le curó las heridas con aceite y vino, le puso vendas, lo subió sobre su propio jumento y lo llevó a un alojamiento, lo cuidó, al día siguiente pagó al dueño del alojamiento (equivalente al asalario de dos días), y, finalmente, pidió al dueño que lo cuidara hasta su regreso bajo compromiso de pagarle. Casi podría decirse que esto representa todo un sistema de política pública de salud. Pero, una vez más, esto no es tan sencillo. Así, en Lucas 22, 24-26, vemos a los discípulos, en pleno contexto de la pasión, llegar a "la última cena" discutiendo “sobre  cual de ellos debía ser considerado el más importante”. Jesús les aclara: “Los jefes de las naciones se portan como dueños de ellas y, en el momento en que las oprimen, se hacen llamar benefactores. Ustedes no deben ser así. Al contrario, el más importante entre ustedes se portará como si fuera el último y el que manda como el que sirve”. Esta es la dimensión en la que se inscribe la respuesta a la pregunta “¿Quién es mi prójimo?”. Es la dimensión en la que inscriben la experiencia de la gracia y el desafío de vivir como nueva familia del reino de Dios.  

Por último, la parábola termina con la invitación de Jesús “vete y haz tú lo mismo”. Pareciera que dijera que cada quien haga lo que puede por sí mismo, pero en realidad esto no es así, puesto que esta invitación se tiene que relacionar con la otra invitación, “entre ustedes no debe ser así”. La dimensión personal y la dimensión comunitaria se entrecruzan y dinamizan mutuamente.  En la realidad compleja de la TB se interrelacionan entonces, el “vete y haz tu lo mismo” y el “entre ustedes no debe ser así”. Un grande desafío, personal y social, para todas y todos los discípulos, aún entre las hermanas y hermanos con TB.

Víctor Mendoza Gutierrez / Consultor en Pastoral de Salud. Iglesia Anglicana-Diócesis del Perú

 

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